A 200 metros de semifinales

Santiago Aparicio

Santiago Aparicio

Doha, 8 dic (EFE).- Pr谩cticamente 200 metros separan a Pa铆ses Bajos y a Argentina en Catar aunque la realidad geogr谩fica apunta que la distancia entre ambos pa铆ses va m谩s all谩 de los doce mil kil贸metros. Pero en Doha, son esos dos hect贸metros lo que les ha mantenido separados durante los veinti煤n d铆as que van de Mundial.

Es ese el escaso trecho que separa el cuartel general de la albiceleste de la casa del plantel oranje, fijado desde el principio en la Universidad de Catar.

Una calle, ancha, llamada 'Ruta Alternativa', una rotonda. Es el espacio que marca cada territorio. 500 metros de puerta. Seis minutos a pie en l铆nea recta. Argentina, en el campo universitario n煤mero 3; Pa铆ses Bajos, en el n煤mero 6. Espa帽a tambi茅n estaba cerca, en el n煤mero 1. Pero cerr贸 sus puertas ya, nada m谩s ser eliminada del Mundial por Marruecos.

Han compartido sede, alojamiento, Argentina y Pa铆ses Bajos, cada uno en su lugar, en campos distintos, en horarios habitualmente diferentes, sin coincidencias.

Uno y otro, que confluyen ahora en el torneo, en los cuartos de final del Mundial, con la semifinal a tiro, eligieron la Universidad de Catar como sede. Un 谩rea plagado de tranquilidad, del sosiego necesario para desarrollar con comodidad la preparaci贸n para el campeonato del Mundo al que ambas aspiran.

A veinte minutos en veh铆culo est谩 la instituci贸n educativa p煤blica, levantada en Doha hace medio siglo y ubicada en el norte de la capital, del estadio Lusail, donde el viernes habr谩 un cara a cara decisivo entre europeos y sudamericanos.

Cada expedici贸n escogi贸 en su d铆a un complejo distinto. Cada uno con noventa habitaciones, un par de canchas de f煤tbol y, entre ambas, un estadio con capacidad para 10.000 espectadores.

Se alojan los futbolistas en la parte residencial, donde los estudiantes fijan su domicilio durante el curso. Ha sido ah铆, en este escenario con una extensi贸n de 25.000 metros cuadrados donde disfrutan de su experiencia en Oriente.

Vecinos y ahora rivales y cada uno con su estrategia, sus costumbres y sus maneras distintas establecidas por el h谩bito que marcan sus respectivas culturas que convergen en la tarde del viernes con la pelota en el suelo y las semifinales en juego.

El viernes por la tarde, horas despu茅s de la comida, la Universidad de Catar guardar谩 silencio. El ruido estar谩 en Lusail, escenario del nuevo cara a cara entre neerlandeses y argentinos. Solo uno volver谩 con 茅xito y alargar谩 su estancia en Doha. El otro, el perdedor, regresar谩 a esta zona estrat茅gica de la ciudad, pr贸xima al centro, para recoger sus cosas y poner rumbo a casa.

Para unos, la Universidad, tambi茅n sin Espa帽a, continuar谩 la rutina, el mismo lugar de trabajo. Los otros atravesar谩n los veinte kil贸metros que le separa del Aeropuerto Internacional para partir rumbo a casa y alargar y ensanchar hacia miles de kil贸metros la distancia entre Pa铆ses Bajos y Argentina, que en Catar apenas ha sido de 200 metros. EFE

apa/og

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